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María Reiche fue una arqueóloga y matemática alemana que dedicó la mitad de su vida al estudio y conservación de las líneas de Nazca, consiguiendo con su tesón, que la Unesco las hiciera Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Gracias a su trabajo como traductora en Lima, conoció los artículos sobre las líneas del arqueólogo Paul Kosok, lo que hizo que se enamorase de este descubrimiento y que quisiera continuar con él.

Caminaba unos 25 kms diarios en sandalias buscando respuestas a los geoglifos que encontraba, barriendo, midiendo, analizando y creando mapas de casi mil líneas que creaban esas curiosas figuras, hasta que el Párkinson la debilitó y no pudo volver al desierto que ya le había dejado cieguita.

«Lo que tenía con este estudio era todo lo necesario para mi vida: soledad (siempre me gustaba estar sola), el ejercicio físico y el ejercicio mental.»

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